Destacados: El Equipo | Contáctenos | Cuerpo de Socorro Andino English: Translate with google | Forum

 

Secciones
Portada
Archivo de Noticias
Archivo de Articulos
Comunidad
Foro
El Equipo!
Organizaciones y Clubes
Tiendas de Montaña
 
Ernesto Olivares
Cuando uno llega a la cumbre de un cerro te das cuenta de lo pequeño que eres, pero también te das cuenta que uno puede llegar a ser tan grande como las metas que te propongas.

Ernesto Olivares (37) actualmente es uno de los mejores andinistas que tenemos en Chile. El año pasado realizó la primera ascensión latinoamericana sin oxígeno suplementario al Monte Makalu (8.463 msnm) lo que le significó ganar varios premios, destacando entre ellos el premio al Mejor Deportista, otorgado por la Federación de Andinismo de Chile y El Condor, entregado por el círculo de periodistas al Mejor Andinista. Tiene más de veinte años de experiencia como montañero destacando entre sus ascensiones el Aconcagua por la Directísima de Polacos, la ruta Ferrari del Alpamayo, el Huascarán, el Nevado Tocllaraju, el Guayatiri y los Payachatas, entre otros. 

Ernesto Olivares comenzó con este deporte a la edad de 15 años, cuando vivía en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. En esa ciudad estudió Ingeniería Civil y continuó subiendo cerros. Trabajó como instructor, formando parte del Cuerpo de Rescate de la Cruz Roja Boliviana. Llegó a Chile en 1991 a la edad de 26 años, acá ingresó a la Universidad Católica a estudiar nuevamente Ingeniería ya que no pudo convalidar los ramos.

 Paralelo a sus estudios realizó el Curso de Instructores en esta Universidad con Claudio Lucero como profesor y luego el Curso de Guías en la Escuela Nacional de Montaña. Se retiró de la Universidad al 4to año de carrera y empezó a trabajar en la compañía Telefónica en Santiago, en 1999 sufre un choque automovilístico que lo deja inconsciente y hospitalizado durante un par de días. En ese momento decide cambiar su vida. “En cualquier minuto uno se puede morir, y si me muero me gustaría estar haciendo lo que a mi más me gusta” dice Olivares. Se compra un pasaje a Perú y se va a escalar durante un mes a la Cordillera Blanca. A la vuelta empieza a trabajar de guía en Vertical SA, desde acá en adelante no ha vuelto a separarse de la montaña.

Actualmente está casado y tiene dos hijos, Bastián y Macarena de la Luz (Makalu). Es profesor del Dpto. de Deportes de la Universidad Católica y está a cargo de todos los cursos de montañismo de dicha casa de estudios, además de ser Director Técnico de la PreSelección y Selección.

¿Por qué practicas montañismo?

Algunos dicen que este deporte es una demencia del ser humano, que somos los “conquistadores de lo inútil”. Pero yo no creo eso, yo creo que en la montaña uno crece realmente. No crece tu ego ni tu vanidad, si no que uno como persona. En el cerro uno tiene mucho tiempo para pensar, para introspeccionarse, para buscar nuestros defectos y así mejorarlos. En la ciudad andas sumido en problemas tontos, y de repente te enojas con otras personas sin saber que tus propios defectos son los culpables. La montaña nos enseña a vivir, en la civilización vivimos en función de los demás, en cambio allá tu decides. Estar vivo es un regalo, las cosas importantes las damos por hecho, cada vez que amanezco y se que estoy vivo doy gracias a Dios, eso es lo importante, los demás problemas son menores.  

¿Cómo fueron tus inicios en el montañismo?

A mi padre le gustaba mucho la vida al aire libre. Cuando vivía en Chile íbamos todos los fines de semana al Cajón del Maipo, donde paseábamos y elevábamos volantines. Después de cumplir diez años nos fuimos a Bolivia, ahí estuve internado en un colegio inglés donde comencé a subir cerros. Ya adolescente ascendí el cerro Tunari, esa fue una experiencia que nunca voy a olvidar; era el más pequeño del grupo y yo en realidad no sabía que estaba haciendo ahí, venía “hecho pebre” pero cuando llegué a la cumbre, después de tanto esfuerzo, supe que nunca más iba dejar de subir cerros. Parece que yo había nacido para este tipo de desafíos.

¿Cuáles piensas que han sido tus más grandes hazañas?

En realidad, yo no podría hablar de hazañas. Cada logro que he realizado lo veo como un regalo de Dios, y es por ello que estoy tremendamente agradecido con él. Sin duda la experiencia más grande que he tenido fue cuando escalé el Makalu (8.463 msnm) en los Himalayas el año pasado.

¿Qué nos puedes decir acerca de esa experiencia?

Fueron dos meses y medio, en los cuales me tocó compartir con gente maravillosa. Ni uno de nosotros tenía experiencias anteriores en cerros importantes fuera de Latinoamérica. Pero ahí me di cuenta que los Andes habían sido una buena escuela. Claudio Lucero nos dijo antes de que partiéramos que subir un ochomil era lo mismo que subir cualquier gran cerro andino, en el cual, luego de un período de aproximación, tienes que escalar cerca de tres mil metros desde su base para llegar a la cima. Así que con esa mentalidad trabajamos después de las dos semanas de aproximación al base a 5.400 msnm. Nos entretuvimos mucho el tiempo que tuvimos que equipar la ruta y portear el material a los campamentos de altura. No contábamos con Sherpas como otras expediciones, pero pienso que eso nos ayudó ya que siempre teníamos que llevar grandes mochilas, y al momento de atacar la cumbre ya estábamos familiarizados.

¿Cómo fue llegar a la cumbre sin utilizar oxígeno complementario?

Bueno, eso fue un hecho fortuito. Los cuatro que atacamos cumbre ese día llevábamos una botella de oxígeno cada uno, la cual íbamos a empezar a usar desde los 8.000 metros. Tuve la mala suerte que mi botella no funcionó, lo mismo le pasó a Carlos Bascou. Él se devolvió y yo decidí seguir. Mis otros dos compañeros iban una hora más adelante pero yo me sentía muy fuerte, sabía que a esa altitud cualquier rescate era imposible, por lo tanto al más mínimo malestar debía regresar. Gracias a Dios todo salió bien, cuando me tope con mis compañeros en la falsa cumbre ellos ya iban descendiendo y me dijeron que me devolviera con ellos. Yo tenía que seguir a la cumbre ya que estaba al lado, yo soy testarudo, un mal perdedor como todos los chilenos, había viajado mucho para llegar hasta ahí y no quería perder esa oportunidad.

Y cuando fuiste premiado ¿Qué sentías?

La verdad es que no suelo asistir a ese tipo de eventos, el terno me incomoda. Además no acostumbró a recibir, como dice la biblia “Es más bienaventurado dar que recibir”. Creo que el premio me lo dieron debido a que llegue sin oxígeno a la cumbre del Makalu, es por ello que de inmediato aclaré que yo recibía ese premio como representante de los siete integrantes de la expedición, fue un trabajo en equipo y sin el apoyo de mis compañeros no hubiese hecho nada. También recordé a todos los amigos montañeros que murieron ese año, la muerte de Claudio Gálvez todavía me tenía anonadado cuando recibí el Condor, con el teníamos muchos proyectos juntos ha realizar cuando volviera. Los montañistas somos como una familia, cuando a alguien le pasa algo todos lo sentimos aunque no lo hayamos conocido.

¿Cuáles han ido los momentos más críticos en la montaña?

Recuerdo dos veces que he tenido que vivaquear en condiciones extremas. Una vez fue cuando llegamos a la cumbre del Aconcagua por el glaciar de Polacos y tuvimos que pasar una noche con tormenta a casi 7.000 msnm. Nos enterramos en la nieve para sobrevivir. La otra vez fue en la Pared Sur del Pomerape, donde intentamos un ascenso alpino y no llevamos ni siquiera saco de dormir, pasamos una noche muy fría con lo puesto a más de seis mil msnm.   

La muerte en la montaña. ¿Qué opinas?

Yo le pido a Dios que ojalá nunca me pase nada en la montaña. Eso lo digo por mis seres queridos y también por mis alumnos. Debe ser muy confuso ver que el profesor que te ha enseñado todo sobre la seguridad cometa un error. Algo parecido me sucedió con la muerte de Claudio Gálvez, simplemente no me encajaba. También es doloroso para mis parientes, me aterroriza la idea de que tengan ellos que organizar un rescate o algo por el estilo.  

¿Qué nos puedes decir acerca de tu cargo como profesor en la Universidad Católica?

A mí me gusta enseñar. Creo que más fuerte que las palabras son los actos, por eso ocupo mi forma de ser como un ejemplo. Yo vivo cada momento como si fuese el último, uno nunca sabe cuando puede morir. A mis alumnos trato de transmitirles mis fuerzas y ganas de vivir. Siempre les digo que en la Universidad no es tan importante ser inteligente y brillante sino que lo fundamental es ser perseverante. No hay que dejar que algún infortunio te impida seguir avanzando. Cuando uno llega a la cumbre de un cerro te das cuenta de lo pequeño que eres, pero también te das cuenta que uno puede llegar a ser tan grande como las metas que te propongas.

¿Cuáles son tus próximas metas?

Para Marzo de 2003 estamos planeando una expedición al Kanchenjunja en los Himalayas. Estoy muy entusiasmado ya que el grupo humano con el que voy es muy unido. Hasta el momento vamos Cristián García-Huidobro, Pablo Gutierrez, Rodrigo Jordán, Alfonso Díaz, Diego Vergara, Miguel Purcell y yo. Cuando vas a los Himalayas la excusa es subir el cerro, pero tu vas en realidad a conocer un paisaje bonito y a compartir con los amigos, sino la cosa no funciona.
Deseo seguir enseñando. Mejorar la Selección de la Universidad Católica, proponiendo nuevos proyectos.

Entrevista realizada por Cristóbal Cox para Tricúspide



Sitio Desarrollado por Tricúspide
Santiago de Chile. 1997 - 2003